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El buen samaritano
(Lucas 10:25-37)

¿No dice
Lucas 10:25-37 que si una persona ama al Señor su Dios con todo su corazón, y con toda su alma, y con todas sus fuerzas, y con toda su mente; y ama también a su prójimo como así mismo, va a heredar la vida eterna? Si es así, ¿no se obtiene la vida eterna por las obras?

Respuesta: La Biblia nos dice que la vida eterna es concedida por medio de la fe, no por medio de las obras
(Efesios 2:8-9). En el Nuevo Testamento en conjunto hay más de quinientos ejemplos de frases como: “Cree…y serás salvo”, “Cree…y tendrás la vida eterna”; “Cree…y serás justificado”, etc. El intérprete de la Ley en Lucas 10:25: “¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?” Pero el Señor le contestó: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees? (vv.25-26). Y le contestó el escriba: “Amarás al Señor de todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (v.27).Entonces el Señor le dijo: “Bien has respondido; haz esto, y vivirás” (v.28).

La Ley enseña dos cosas: (1) Amar a Dios, y (2) amar a las personas. Como las dos cosas son obras, ¿no da la impresión que la vida eterna es obtenida por las obras? Si la historia terminara en el versículo 28 la cuestión de la vida eterna sería realmente un problema en cuanto a este punto. Pero, gracias a Dios, la historia termina el versículo 37.

El escriba siguió preguntando:
“¿Y quién es mi prójimo?” (v.29). Con esto quería decir que conocía a Dios pero no sabía quien era su prójimo. Como respuesta a esta pregunta el Señor le habló de un hombre que había caído en mano de unos ladrones cuando se dirigía a Jericó. Pasó un sacerdote, el cual no hizo nada por él; y lo mismo un levita, que no le ofreció ayuda. Solo vino a salvarle un samaritano y lo hizo de modo completo. Entonces el Señor preguntó al escriba: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de ladrones?” (v.36).

Notemos que la pregunta que hace el escriba es
: “¿Quién es mi prójimo”? La pregunta de nuestro Señor en el versículo 36 es: “¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?” Lo que quería decir el Señor era: “Y tu eras aquel que ha caído en manos de ladrones; ahora, pues, ¿cuál de estos tres es tu prójimo? “El que usó de misericordia con él” replicó el escriba. Ante lo cual el Señor contestó: “Ve, y haz tu lo mismo”.

Se nos muestra claramente que el Señor no había pedido al escriba que fuera y obrara como un buen samaritano; en vez de ello, hizo que el escriba se diera cuenta que su prójimo era el buen samaritano. En otras palabras, era el samaritano que le había salvado a él. En resumen, el buen samaritano era el salvador del escriba.

El que cae en manos de ladrones es un pecador. Ni el sacerdote ni el levita pueden ser su salvador. El prójimo del pecador es el salvador del pecador. El amar al prójimo es amar al Salvador; el tener vida eterna es no confiar en uno mismo como salvador. Muchas han entendido mal esta parábola pensando erróneamente que enseña a tratar bien a las personas. Con todo, el Señor nunca dijo que él que cayó en medio de ladrones sea su propio salvador; sino al contrario, enseña que usted ha caído en manos de ladrones, y el buen samaritano que te salva es tu prójimo y, por tanto, que usted tiene que amarle siempre. Aquellos que conocemos no vienen a salvarnos. De ahí que el prójimo que hay que amar es el mismo Señor Jesús.

Las personas aman al Señor porque tienen vida eterna; no obtienen vida eterna porque aman al Señor. Primero hay una relación de prójimo, luego el afecto. Este pasaje de la Escritura nos enseña varias cosas:
1.- El hombre ha caído.
2.- No puede salvarse a sí mismo
3.- El Salvador ya ha venido.
4.- Si alguno acepta su salvación, esta persona será salva y como resultado le amará. El error de muchos es pensar que pueden hacer de sí mismos su propio salvador. No conocen el Evangelio de la gracia. Hemos de comprender que el Señor quiere que amemos al buen Samaritano, que no es otro que el mismo Salvador, nuestro Señor Jesucristo.
Estudio Bíblico.
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Por: Pastor Gonzalo Dávila Sarávia. Total de lecturas: 296