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La preciosa Sangre del Señor Jesús
(Lucas 22:20; Éxodo12:22)

Introducción

Sin duda, la sangre de Jesucristo es el regalo más precioso que nuestro Padre celestial le ha dado a Su Iglesia. Sin embargo, son pocos los cristianos que entienden su valor y su virtud. A menudo los cristianos cantan sobre el poder de la sangre;
“Hay poder, poder, sin igual poder, en la sangre de Jesús”. Pero, la mayoría de los creyentes rara vez entran en el poder de esa sangre.

Sencillamente no comprendemos el gran significado de la sangre. Por ejemplo: constantemente clamamos la sangre como si fuera una fórmula mística de protección. Pero, son pocos los cristianos que pueden explicar su gran gloria y beneficios. Si yo le preguntara que significa el poder de la sangre, quizás consteste de esta forma: significa que mis pecados son perdonados, que soy libre de la atadura de la iniquidad, que todos mis pecados están cubiertos. Sin embargo, más allá del perdón, ¿que significa la sangre de Jesucristo para usted? ¿Puede explicarme a mí, a su familia, a sus compañeros de trabajo el valor y la virtud de la sangre del Señor Jesús?

En las Escrituras existen dos referencias: sangre derramada y sangre rociada

La mayoría de los cristianos tienen conocimiento acerca de la sangre que el Señor Jesús derramó por nosotros. Cuando Cristo levantó la copa en el día de la Pascua, Él dijo:
(Lucas 22:20). Nosotros recordamos su sacrificio cada vez que tenemos la Cena del Señor. Pero, ese es el límite del conocimiento que muchos crisitanos tienen acerca de la sangre del Señor Jesús. Sólo conocemos acerca de la sangre derramada y no acerca de la sangre rociada.

La primera referencia acerca de la sangre rociada está en
(Éxodo 12:22). Los israelitas fueron ordenados a tomar un manojo de hisopo, mojarlo en la sangre de un cordero, y rociarla en el dintel de los dos postes de la puerta. Esa noche cuando el ángel de la muerte llegó y vio la sangre en los postes de la puerta, pasó de sobre esa casa.

Tome en cuenta que mientras la sangre estaba en el envase, no tenía efecto; era simplemente sangre que había sido derramada. La sangre tenía poder para salvar cuando era sacada del envase y era rociada. Supongamos que los israelitas hubieran puesto el envase sobre una mesa cubierta con un mantel o sobre un pedestal cerca de la puerta.

El ángel de la muerte hubiera entrado a ese hogar. La sangre tenía que ser levantada o sacada del envase y rociada sobre la puerta para que cumpliera el propósito de proteción. Esta sangre en Éxodo 12 es un tipo de la sangre de Cristo. La sangre que fluyó en el Calvario no se desperdició, no cayó en tierra y se desperdició. No, esa sangre preciosa fue recogida en una fuente celestial.

Nosotros no nos sumergimos en la sangre, nos es rociada  sobre nosotros.

Cuando uno es rociado, uno está totalmente bajo la protección de la sangre de Cristo contra todos los poderes destructores de Santás. Cuando los poderes satánicos ven la sangre de Cristo sobre los postes de su puerta, ellos deben pasar sobre usted. Ellos no pueden tocarle porque no pueden tocar a quienes han sido rociados con la sangre de Cristo.
(1 Juan 5:18).

Así que, como pueden ver, la preciosidad de la sangre tiene que ver con algo más que el perdón. La sangre del Señor Jesús no fue dejada en el envase sino que ha sido levantada y rociada en su corazón.  Y está esperando a ser rociada en los postes de los corazones alrededor del mundo. También en 
(Éxodo 24:1-11) el rociamiento de la sangre es mencionado. En este pasaje, Dios hizo un pacto con Israel. El prometió si “obedecen mis palabras, y seré tu Dios y tu serás mi pueblo”.

Después que Moisés dio la Ley al pueblo, ellos contestaron:
“Entendemos y obecederemos”. Ellos estuvieron de acuerdo con entrar en el pacto con el Señor. Ahora pues, este pacto debe ser sellado, ratificado y hecho válido y eso sólo pude suceder a través del rociamiento de sangre (Hebreos 9:19).

La sangre derramada del holocausto esta en un envase. Moisés tomó parte de esa sangre y derramó parte de ella cerca del altar. Después tomó un hisopo, lo metió en el envase y roció parte de la sangre sobre las doce columnas (las cuales representan las 12 tribus de Israel). Por último, Moisés mojó el hisopo y roció al pueblo con la sangre. La sangre que cubró al pueblo selló el pacto.

Es claro en el pasaje que el rociamiento les otorgaba a los israelitas pleno acceso a Dios, con gozo. En esta ocasión no tenía nada que ver con el perdón y remisión de pecados, más bien de comunión. Ahora ellos habían sido santificados, lavados, para estar en la presencia de Dios.

Entonces Moisés, Aarón, Nadab y Abiu, y los setenta ancianos subieron al monte a reunirse con Dios. Y el Señor se les apareció, y debajo de Sus pies había un embaldosado de zafiro. Estos hombres vieron una mesa delante de ellos y la Escrituras dicen que con facilidad, comodidad y sin temor a ser juzgados, ellos se sentaron en la presencia de Dios y comieron y bebieron con Él.
(Éxodo 24:11).

Esto es simplemente sorprendente. Estos hombres comieron y bebieron en la misma presencia de Dios cuando momentos antes ellos temieron por sus vidas. Era porque la sangre había sido rociada y ellos comprendieron el significado de la protección, el poder y la seguridad que hay en ella.

Hoy estamos en un pacto nuevo con Jesucristo, pacto sellado con Su propia sangre. Y de igual manera hoy, cuando Su preciosa sangre es rociada en nuestra alma, es con el propósito de tener comunión al igual que purificación. Es para que con todo denuedo pueda ir con facilidad, sin temor al juicio a la presencia de Dios y tener comunión con Él. Se otorga el acceso sin que el pecado lo condene.

Uno de los rociamientos de sangre más importantes era llevado a cabo por el sumo sacerdote. Una vez al año entraba al Luar Santísimo para hacer expiación, lo cual significa reconciliación. El propósito era borrar los pecados del pueblo, para que así pudieran ser reconciliados y tener comunión con Dios. El sacerdote llevaba un puñado de incienso, un incenciaro lleno de brasas de fuego al altar, y un envase de sangre de un becerro al Lugar Santísimo. Dentro había un arca, encima de la cual había una tapa dorada. Esto era el propiciatorio, donde Dios se sentaba; era su misma presencia. El propiciatorio tenía dos querubines dorados a cada lado, con sus alas extendidas cubriéndolo. Después de purificarse en una ceremonia muy elaborada, el sacerdote entraba al Lugar Santísimo con gran temor y reverencia. El echaba el incienso en el fuego, haciendo que el aroma y el humo ascendiera. (Esto representa las oraciones de Cristo, intercediendo por su pueblo. El Señor Jesús por siempre está sentado a la diestra del Padre, intercediendo por los santos).
(Levítico 16:14).

Cuando la sangre era rociada sobre el propiciatorio, el perdón de todos los pecados era consumado, y todos los pecados pasados eran cubiertos. Cuando el sumo sacerdote salía del Lugar Santísimo, el pueblo sabía que Dios había aceptado el sacrificio, y sus pecados eran perdonados. El pueblo de Israel nunca dudó.
Nosotros también tenemos un Sumo Sacerdote, nuestro Señor Jesucristo. Y Él es nuestro Sumo Sacerdote no sólo una vez al año sino que todo el tiempo hasta el fin del mundo. El Señor Jesús tomó Su propia sangre al verdadero propiciatorio, la presencia de Dios, el Lugar Santísimo y la presentó para la resmisión de todos los pecados, de todos los creyentes y por siempre. Este fue el rociamiento final.
(Hebreos 9:12, 24). El Señor Jesús llevó Su propia sangre al cielo por nosotros. Y no está reservada allí como algo conmemorativo. Es para rociarla sobre todo aquel que se acerca a Él en fe.

¿Cómo es rociada la sangre sobre el corazón?

Es trágico que tantos creyentes no disfrutan del poder y la virtud de la sangre del Señor Jesús. La Escritura aclara que es importante que nosotros sepamos como la sangre es rociada en nuestros corazones. Esto se hace de dos maneras:

1.- La Sangre es rociada sobre nosotros por el Espíritu de Cristo, el cual mora en nosotros. El Señor Jesús rocía su sangre sobre nosotros cuando, por fe, recibimos su obra terminada en el Calvario. Esto no es rociamiento físico; más bien es una transacción legal y espiritual. El rocía la sangre en nuestros corazones como respuesta a nuestra fe. Y hasta que nosotros realmente creamos en el poder de Su sacrificio en el Calvario, la sangre del Señor Jesús no producirá efecto alguno en nuestras almas. (Romanos 3:25).

Las iglesias alrededor del mundo, regularmente toman parte en “La Cena del Señor”. Sin embargo, Pablo nos advierte contra tomar la cena indignamente. Esto no significa simplemente tomar parte en el servicio después que hayamos fallado en alguna manera; sino que si sabemos que si nos arrepentimos de nuestros pecados, El Señor Jesús nos perdona y nos limpia de toda iniquidad.
Pablo se refiere a que debemos discernir el cuerpo de Cristo apropiadamente. El se refiere al hecho de acercarnos a la mesa del Señor, tomando la copa que simboliza Su sangre, sin creer en el poder de esa sangre. Tiene que ver con mantenerse en condenación y temor sin creer que la sangre  de Cristo nos ha justificado ante Dios. La verdadera evidencia de fe es reposo. Si cree en su corazón, su concienciay su alma entran en reposo. Y cuando participe en la Cena del Señor y tome la copa, podrá decir: Creo que soy salvo, perdonado, sanado, porque creo en la sangre. Confíe en ella.

2.- La sangre del Señor Jesús es rociada en nuestra alma a través de la predicación ungida por el Espíritu Santo. Cuando escucha que Cristo y Su sangre son exaltados en predicaciones, sabrá que la sangre está siendo rociada. (Hechos 8:37). ¿Cómo puedo saber que ha sido aplicada en mi corazón?

(a).- Si está dispuesto a caminar en la luz y permitir que el Espíritu Santo exponga toda tinieblas en usted, entonces sabrá que ha sido rociado (1 Juan 1:7). Juan está hablando claramente de alguien que está tan enamorado de la palabra que no tiene temor de ser reprobado. Si ama la luz, es una señal segura de que ha sido rociado.

(b).- Cuando está tan seguro en el lavamiento, poder justificador de la sangre que su conciencia no lo condena, entonces sabrá que ha sido rociado. (Hebreos 10:22). Una conciencia pacífica y limpia es una señal de haber sido rociado con Su sangre.

Beneficios una vez que el corazón ha sido rociado

1.-
La sangre del Señor Jesucristo nos redime del pecado y del poder de las tinieblas.
(Efesios 1:7). Ya no estamos bajo condenación o temor. Mucha gente ha sido redimida y justificada por la sangre pero no lo saben, porque viven en temor y condenación. Tienen fe en el Señor pero no han entrado en la gloria de ser justificados por la sangre. Tenemos que entrar a ese conocimiento por fe para así recibir el beneficio el cual es paz con Dios.

2.-La sangre de Cristo ha comprado toda la Iglesia de Dios
(1 Juan 1:7). El creyente es santificado, rociado, limpio. Esta es una obra continua del Espíritu.

3.-
La sangre de Cristo vence a Satanás y éste huye.
(Apocalipsis 12:11). ¿Cuál es la palabra de testimonio? Sencillamente: Creo en la sangre. Testifico del poder vencedor y prevaleciente de la sangre del Señor Jesucristo y proclamo su victoria total. Si quiere vencer al diablo, colóquese en la sangre y proclame su poder.

4.-
La sangre de Cristo nos da acceso al Lugar Santísimo sin reproches.
(Hebreos 10:19). Debemos ir a nuestro Padre con libertad y sin temor.

¿Que espera Dios de nosotros una vez que fuimos rociados con la sangre de Cristo?

¿Estamos comprometidos de alguna manera por el rociamiento? Por supuesto que sí. Si fuimos rociados por la sangre de Cristo, somos ordenados a hacer dos cosas:

1.- Debemos ir en paz y no dudar más. Cuando Moisés roció la sangre sobre los israelitas pecadores, ellos no dudaron que fueron perdonados y aceptados por  Dios. Ellos confiaron en ese rociamiento. Hoy, la sangre que ha sido rociada sobre nosotros no es de becerros, chivos u ovejas, sino de Cristo, el Cordero de Dios. Y sin embargo, tenemos más dudas y más temor que aquellos israelitas.

Martín Lutero dijo que es una blasfemia que tomemos todos los pecados que fueron puestos sobre Cristo nuevamente. Yo estoy de acuerdo. Es un sacrilegio absoluto que andemos con temor, culpabilidad y condenacion. La Biblia dice que por fe soy limpio, justificado y protegido del poder de Satanás, sin embargo, algunos no pueden creer que algo tan glorioso sea posible.

2.- Debemos alabar a Dios con un corazón agradecido sin dudar. Somos ordenados a darle gracias a Dios por la preciosa sangre del Señor Jesús, con alabanzas resonantes. (Romanos 5:11; Salmo 32:11; Salmo 89:15; Isaías 61:10).

PROCLAME LA VICTORIA DE LA SANGRE DEL SEÑOR JESUCRISTO EN SU VIDA. Y COMIENCE A ALABARLO AHORA POR LA PROMESA DE ESE GRAN DÍA DE REDENCIÓN VENIDERA.
Estudio Bíblico.
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Por: Pastor Gonzalo Dávila Sarávia. Total de lecturas: 457